Visitando el Louvre con un guía chilango
Estábamos en la sala que se prolonga de manera perpendicular a aquel famoso recinto donde se encuentra la Joconda. Nos detuvimos frente a un cuadro cuyo pintor no recuerdo, pero cuyo nombre es el rapto de las Sabinas. No pude evitar pensar en mi clase de cultura latina y me permití interpretar lo que Tito-Livio me contó:
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Pues resulta, comentaba un par de amigas colombianas y otro francés de origen argelino, que para hacer la historia corta, les faltaban viejas y decidieron armarse un plan para traerlas al huerto, o a Roma que no era tan grande entonces y seguramente todavía tenía huertos. No había suficientes féminas para hacer hijos que reemplazaran con los años a todos los que morían en la guerra. No había de otra porque no estaba entre las posibilidades el dejar de ser un pueblo guerrero. Eran los romanos todavía etruscos, es decir, rústicos y salvajones, sin arte, pero con una experiencia en chingar a los demás que devendría lo que ya sabemos y que acabó por lo que también sabemos, eran una bola de viciosos que acabaron por echar todo por la ventana, por golosos.
Pero estoy alejando del tema, la cuestión es que engañaron a los Sabinos, les dijeron, vengan, vengan, se la van a pasar poca madre, les vamos a dar la nacionalidad y todo, un alojamiento del estado, comida y trabajo. Eso equivaldría ahora a que los Estados Unidos te llamaran a tu casa diciendo “vente, mexicano, te vamos a dar la green card, vamos a darte un departamento en Nueva York y nos vamos a ocupar de tus hijos”. Cualquiera dirá ahora “me están tomando el pelo, chinga tu madre y deja de quitarme el tiempo”. Pero los Sabinos, viendo que era eso o que les partieran la madre dijeron “cámara, ya estás”, y dejaron su ciudad. Bueno, más o menos así. En realidad no fue tan así, en realidad les propusieron casarse y los pinches Sabinos les dijeron “¿Por que no ponen un albergue de mujeres, salen mejores parejas”. Read more…
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Boulanger en pleine croissance cherche clients
Ça faisait déjà un moment que j’avais accepté que le fournisseur la coloc nous prenait pour des bolos. Il avait arrêté d’abord de s’approcher de notre rue, puis il a cessé complètement de prendre le téléphone, s’installant près d’un centre commercial.
Son nom provenait du lieu où l’ont a fait sa connaissance :
- Eh, les gars, vous cherchez pas quelque chose ? En plus de la baguette, bien sûr.
Un jour, revenant du supermarché, je l’ai croisé. On s’est salué d’une inclinaison de tête, ayant vu probablement les mêmes films marginaux. Quelques mètres plus loin, il m’a appelé pour m’annoncer qu’il avait un mot à me dire. Je ne m’attendais pas à cette arrangement de mots qui finissait par le mot « mot ». Je m’arrête :
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Eh, dis-moi, t’aurais pas des amis qui prennent de la cocaïne ?
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Eh, comme ça, tout de suite, non mais, pourquoi ?
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Parce que j’en ai, de la super qualité.
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Et ça coûte combien ? Si on me demande…
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Soixante-dix, mais je peux les arranger à soixante. Je peux même te payer avec le matos que tu préfères, si tu me ramènes de clients. J’essaie de me lancer dans un nouveau truc, ça pourrait t’arranger toi aussi. Je te laisse mon numéro, au cas où.
J’étais dans son territoire, j’ai accepté. On a continué nos chemins d’avant. J’ai reconsidéré ma liste d’amis. J’ai pensé aussi que, de toutes les possibilités probables qui m’emmèneraient à faire du marché illégal, ce ne serait certainement pas avec ce jeune costaud au visage naïf, avec qui je risquerais ma liberté, surtout après cette conversation: Read more…
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Vous avez un petit ami? Ou de flic en aiguille
I
Johanna avait rendez-vous au Métro Trinité, elle se perdit, elle arriva en retard. En vérité, elle avait à moitié oublié (oui, c’est possible) le métro du rendez-vous parce qu’elle ne prenait pas ce genre de transport. Pour elle, le réseau souterrain n’était qu’un ensemble d’entrées décorées avec de la ferraille qui conduisaient vers un autre monde qui ne l’intéressait pas.
Elle était « comme ça ». Elle en était parfois consciente. C’est à cause de cela que, certaines fois, elle oubliait qu’elle était en France et qu’elle était quelqu’un d’autre, différente de la fille qui parlait allemand et étudiait médecine dans son pays. Oui, elle se sentait étrangère parce qu’elle l’était, mais parfois elle s’en rappelait d’avantage :
- Excusez-moi, demanda-t-elle au policier posté en haut des escaliers de la station, le métro est fermé ?
- Oui, mademoiselle, c’est fermé.
- Non, mais c’est vraiment fermé ? voulut savoir son ami, qui n’avait jamais vu une station fermée en pleine journée.
- Oui, monsieur, c’est vraiment fermé.
- Et pourquoi ? Demanda-t-elle avec un bel accent allemand.
- C’est fermé, c’est tout, dit d’un ton sec celui qui se trouvait au milieu des escaliers, fermant l’enceinte qu’ils formaient pour empêcher le passage.
C’était donc vrai, et ça la rendait heureuse. C’était un jour ensoleillé d’automne et elle préférait prendre le Vélib’. Elle apprit que c’était le moment idéal pour dire «tant mieux » et demanda :
- La station de Vélib’ la plus proche ?
- Vous venez d’où, mademoiselle ? Répondu policier, les bras croisés, les mains noires gantées, la matraque ceinte, la radio bafouillant des mots derrière sa voix grave et rauque.
- Comment ?
- Vous venez de quel pays ?
- Moi ?
- Répondez, mademoiselle, ordonna le policier, fatigué de cet échange de questions.
- Je viens d’Allemagne, pourquoi ?
- Et en Allemagne vous tutoyez les personnes que vous ne connaissez pas ? Ici il y a ce qu’on appelle la politesse et on ne tutoie pas les personnes, et on dit d’abord «excusez-moi », ou « bonjour » ; on n’arrive pas comme ça.
- Mais j’ai dit « excusez-moi », non ? Demanda-t-elle auprès de son ami mexicain. C’était vrai, mais peu vérifiable si le plaignant est celui qui a oublié et qu’il est armé; ça donne tout de suite moins envie de s’expliquer.
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Señor ministro y Chubaca
(En la patrulla, esposado, en el asiento trasero y con tres policías judiciales de más de 1,8 m y noventa kilos, guardando la pistola de bolas de goma, con los chalecos puestos, yendo en sentido contrario a toda velocidad en una pequeña calle de suburbio):
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Eh, weyes, ¿hoy es la fiesta de la música, no? (apertura de ventanilla para agitar el brazo)
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Ya vas a empezar a excitarte.
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Es la fiesta de la música, mira, se puede hacer buena música tecno con la sirena (bitbox).
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Y este, ¿por qué lo llevamos?
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Estupefacientes.
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Mira, mira, se ve tan serio, hasta parece que traemos al ministro. Perdone usted, señor ministro, ¿quiere que le baje a la música?
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¿A qué comisaría vamos? Pregúntale a Chubaca. ¿Qué? ¿Tú por qué te ríes?
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Por lo que dijo…
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¿Qué, lo que dijo quién? ¿Qué te hace reír? ¿Su nombre?
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¿Te da risa? Es su nombre, ¿Te da risa el nombre de mi amigo? ¿Es eso?
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No.
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¿Te crees muy chistoso no? (evasión de auto a 100 km/h en una pequeña calle de los suburbios y cambio de tema por inercia lateral). Read more…
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Relato de un manifestante
No hay pan para tanto chorizo fue la consigna que mejor nos representaba a mi modo de ver. Era un muy lógico punto en común. El 15 de mayo fue la fecha elegida para gritarla. No me importaba de dónde proviniera la iniciativa, pero tenía claro que había que hacer algo. La corrupción de la casta política era inconmensurable. Lo que comenzó como una manifestación acabó desembocando en muchas concentraciones, casi tantas como ciudades tiene España y todavía se siguen uniendo. Al principio yo mismo era escéptico. Pensé que todo se iba a quedar en hacer un rato de jaleo, volvernos a nuestras casas y ya está. Algunos acusaron a los manifestantes de ser una panda de jipis. O unos punquis. Circulaba una foto al pie de la cual se podía leer: “Democracia Real Ya.” Y mostraba a cuatro palomas, con unos jóvenes con cara de fatigados, un perro que era tan callejero como ellos y las chicas tenían el cabello medio rapado.
Rebelarse contra esta sociedad, era algo que comprendía. No en vano, había llevado en vano, ciertas reivindicaciones individuales. Una pequeña parte de ellas, eran compartidas por mucha más gente. O al menos eso me parecía. Nos habíamos dado cuenta de que lo que queríamos era no estar sometidos a los mercados, que eran capaces de comprar a los políticos. Una gran parte de los manifestantes exhibía pancartas en las que pedían no dar el voto para el PP ni para el PSOE. La otra generación nini: ni PP, ni PSOE. Algunos también agregaban la ley Sinde al lote, y recordaban añadir CiU al punto de mira del manifiesto.
Faltaría más. Se trataba de una ley en contra de Internet, cuando Internet había demostrado que se podían compartir las ideas libremente entre nosotors. Podían comprar a los periodistas, a los políticos, a las cadenas televisivas. Algunos ni siquiera se escandalizaban porque hubiera medios de comunicación descaradamente afines a un partido. ¿Qué será de la democracia, si tan siquiera hacemos algo en las elecciones? Read more…
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El día que robé un lápiz de memoria
Caminaba por Calle Elvira como cada día antes de ir a las clases de la maestría. A cada paso que daba me acercaba más al Gran Circo Ibérico, en el que pasaríamos cinco horas de nuestro tiempo sentados frente a un ordenador, mientras una voz incesante nos martilleaba los oídos.
Junto a mí caminaban muchas más personas en fila, no pudiendo hacerlo de otra forma a causa de lo mucho que se estrechaba la acera. España era como el Máster (Obligatorio) para Profesorado de Secundaria: leyes absurdas, administración penosa y resignados ciudadanos apáticos que no hacían nada contra el origen de todos sus males. Oí que un mostrenco desarrapado decía a su perro: “¡No me mires con cara de hambre!” Read more…
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pequeñas evidencias: la inseguridad
Un periodista de una reconocida cadena de noticias internacionales recibe un gran cheque para hacer un reportaje alrededor del mundo. Su pregunta es: ¿considera que su ciudad es peligrosa?.
París: Sí, las estadisticas lo muestran, incluso ha aumentado la delincuencia femenina. Todo viene de los suburbios, es un círculo vicioso, y en el cotidiano, todos pagamos las consecuencias. Coches quemados en los barrios, aumento del tráfico de drogas, robo de automóviles. Algo se tiene que hacer, esas personas están enojadas.
Cristine, agente comercial de Danone.
Madrid: Esta ciudad está imposible. Ya no puede uno ver a nadie a la cara. Desde los atentados, todos están alerta aunque fingen haber aprendido a vivir con miedo. En cierta manera es normal. Imagínese si en su ciudad explotara un artefacto y cientos dep ersonas como usted murieran. No sé cómo describirlo. Pero sí, creo que esta ciudad es peligrosa. Y ya estoy muy viejo para mudarme.
Arturo: ex funcionario público, retirado desde hace cinco años.
Ciudad Juárez: Lo que ve en el periódico de hoy, es el pan de todos los días. Cabezas aquí, cabezas allá, cuerpos aquí y no sé dónde más. A veces, creo que esto es un mal sueño. Esta no es la ciudad a la que llegué. No hay ley, todo cierra a las diez, y ya nadie sale de su casa. El mal está allá afuera y es imposible señalarlo aunque todos saben quién es. Quizá deba irme de aquí. ¿Usted qué haría?
Malda: treinta y tres años, ama de casa.
Beirut: Apenas ayer, los militares de Hezbolla salieron como hormigas para controlar todo. Cerraron el centro de Beirut y se revisaban los papeles de todos. Había estado corriendo el rumor de que los sunitas comenzaban a organizarse. Ya sabe, chismes de mercado y barrio. Y entonces llegaron los chiitas, metralleta en mano, por toda la ciudad, como nunca lo vemos, y verificaron la identidad de todo libanés sunita que encontraron a su paso. Yo ya casi me había olvidado que estaban ahí. ¿peligrosa? Supongo que sí, pero antes era peor, al menos ahora sólo hay dos bandos y esto se parece más a una guerra fría civil.
Rhana: veintisiete años, estudiante venida de la región de colindancia con Palestina.
El máster de Bolonia
Después de ver esto, me queda claro que desgraciadamente, no soy más que víctima de una barrabasada. Y aunque no sea el único, ¿para qué mentir? Soy quien más me preocupa.
Aunque si nos paramos a considerar la cuestión con mayor detenimiento, ¿no será ese mismo egoísmo el que nos tiene así? Si bien nunca fue mal momento para protestar, ahora parece haberse convertido en una obligación moral.
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Maradona, Juan Gabriel y demás ídolos borrachos
Después del mundial de futbol, me quedé pensando en Maradona. Este año viví con un argentino y comprendí lo que, en la práctica y cotidiana vida de un argentino promedio, es la gloria pasada. Me llamó la atención lo mortífero del ídolo. Un deportista que toca el cielo de lo más cercano a la guerra desde hace medio siglo, y regresó como el hijo pródigo que viene de las Cruzadas, habiendo conquistado la Tierra Santa.
Después, es decir, a los veintitantos, la fama y la fortuna fueron suyas: las bebió y las inhaló, asediado por la prensa, que se sirvió de él para mostrar la decadencia del héroe. Fue negocio, él se rehabilitó y siguió viviendo de su gloria pasada, engordó, mucho, y como premio por su vida de parranda, lo pusieron al frente del batallón que debía de enfrentarse a enemigos de distintos colores, como en cualquier juego de video, pero con mucho dinero de por medio.
Perdieron, pero Maradona ya tiene una iglesia y cuando se echan raíces en la religión, la posteridad está asegurada. ¿Que es un juego?, de acuerdo, ¿que la iglesia católica no lo prohibe? Me parece fenomenal, porque es gracioso, una foto de Maradona en lugar de una cruz o de su versión con un hombre colgando de ella, mejor, imposible. Yo diría que, entre broma y broma, la fe se asoma.
Es un ídolo maldito, una mezcla entre mártir, héroe, santo (o dios) y, claro director técnico del batallón albiceleste, con panza de haber visto muchos partidos y bebido cerveza durante todos ellos.
Y no sé por qué, pero eso me llevó pensar en Juan Gabriel. Los mexicanos disfrutan señalando las diferencias que les parecen irracionales, se burlan. Pero, ¿qué pasa con Juan Gabriel? Veamos. Es un ídolo popular, canta el dolor de un pueblo, les da canciones que les recuerda la manera de sufrir que es la suya. El desamor, la muerte, el olvido: tragedia. Lo curioso es que ese ídolo, que tiene un papel similar al de Maradona (alcoholismo, prensa, decadencia pública -catarsis pública-, etc), sea homosexual, es decir, que es curioso que una sociedad homofóbica en la práctica, no rechace a un cantante como Juan Gabriel, sino que lo eleve al grado de orador en nombre de todos, y lo transmita de generación en generación. Me parece fenomenal, que una sociedad pueda falsear sus convicciones cotidianas. No sé si la homofobia habrá disminuido. Pero hay otros héroes populares, todos sufridores, como Maradona, alcohólicos, sobre todo: José José, José Alfredo Jiménez. Algunos dirán que lo que importa no fue su gusto por la bebida, sino las canciones que dejaron. Sí, pero en las canciones también se refleja, el alcohol puebla las canciones, las tiñe de dolor sincero, pero que es pura borrachera.
Y las cantamos y las aprendemos, y alguna vez, nos enteramos de la historia de los ídolos, en la wikipedia, quizás, y entendemos lo que nuestros padres sabían: nos gustan los mártires, entre más sufran, mejor es la catarsis. Si es alcohólico, perfecto, a sacarle jugo porque las personas necesitan en qué entretenerse y, con el tiempo, en qué creer.
¿Cómo se transmiten esos héroes? Fácil, se maman:
-Hijo, vení, te voy a enseñar una jugada se llama “la mano de Dios”. Y el niño que obedece y comprende que es un contrato social que le va a servir toda la vida.
- Ya, pongan a Juanga, pero las que son pa’ bailar, mijo. Pon la que dice: “Querida”.
-Pero esa no es pa’ bailar, tía.
-Tú ponla y vete a jugar con tus primos y deja a los adultos beber en paz.
Pero no somos los únicos, están los mártires del rock, los presidentes, los actores. Los escritores ya no. Desde que se acabaron los héroes de guerra y las liberaciones (salvo las que están en curso, gestando nuevos héroes para llamar a las calles), necesitamos decadencia de otras fuentes. Nuestro ídolos son el reflejo de nuestro morbo, un morbo por ver qué pasaría si yo, habitante promedio y anónimo, tuviera fama y riqueza: pues haría como los ídolos, que para eso son en quienes se cree. Ese es nuestro reflejo, escritores, cantantes de verdad, músicos, pintores, escultores, oradores, todos van siendo sustituídos por un futbolista y una cantante que no canta, pero baila, que se ha rehabilitado un par de veces, y que, para colmo, no aporta nada con su discurso – el nombre es lo de menos, cada país tiene su equivalente pop o lo importa de un país que tenga la misma lengua o en inglés, si no hay más remedio.
Por cierto, para cerrar el bicentenario de la Independencia, el gobierno Federal (ojo con la mayúscula), decidió invertir recursos públicos para traer al zócalo capitalino a dos estrellas, completamente gratis y para toda la familia: Lady Gaga y Shakira. El Norte del país está inundado por el desborde de una presa, pero eso puede esperar, porque en el centro, la capital, el viente porciento de los electores está malhumorado porque el sistema de drenaje está mal diseñado desde que el DF es tal, provocando embotellamientos, accidentes, etc. Hay que apaciguarlos, Panem et circenses para los centro, igualito a lo que vieron en la tele durante el mundial, las mismas mujeres de belleza ideal. Y pues, flotadores inflables para el Norte.
¿Cómo le estará yendo a Maradona? y ¿Maradona conocerá a Juanga? ¿Cantará sus canciones?
Menudo Olimpo nos hemos montado para el siglo XXI.
Pedazos de domingo en lunes o la abolición del la semana de siete días
En el ambiente hay aire de lunes. Todos lo saben y por eso caminan con prisa unos días y otros no. Hoy es lunes y el sol se parece tanto al de ayer. Es de ese tipo de lentitudes de las cuales uno se percata por cambios mayores. He intentado ver el sol con unas gafas, para cercionarme si podía percibir la evidencia de su paso, constatarlo y medirlo. Pero creo que el límite de la vista, nos impide percibir ese tipo de lapsos. En el fondo siempre pensé que si hacía aquello, podría ver algo similar a las agujas del reloj, ese trozo de tiempo imaginario, marcado por un segundo. Pero el sol, no le pude seguir la pista, como si se arrastrara como una sanguijuela lisa y amarilla, naranja, y en algunos lugares, casi blanca.
El caso es que hoy hay un sol tan parecido al de ayer, que preferiría que incluyera también al domingo en su semejanza.
Ayer también estuvo nublado, con manchas de sol que coloraban por unos minutos el aire templado. Así que hoy es casi ayer, claro, quitando lo del lunes.
Ayer extendí el domingo hasta abarcar unas horas del lunes. Horas de lunes pero vividas como domingo. Es lo más que se puede hacer. Tomar un par de horas de un días, pegárselos a la existencia del límite que la convención social ha aceptado como verdadera, y listo. Se ha sustraído la esencia de algo que para entonces ya no existe. Pedazo de domingo en lunes por haber bebido una cerveza con unos amigos que vienen de paso.
Siete me parece un número feo, no me agrada esa repartición de la órbita de la Tierra. Dos días libres son, para los que tienen la suerte de contar con ese lujo, el veintiocho por ciento del total de una semana. Veintiocho por ciento, de días con un perfume, con un orden, y el resto, con otro. Siete es un número muy feo. Mejor sería de diez. Que la semana fuera de diez y cuatro fueran de tiempo libre. Cuarenta por ciento. Los romanos tenían mucho más, de hecho, preferían no trabajar. Cuatro días seguidos, serían casi unas vacaciones. El tiempo suficiente para sacudirse el aturdimiento, el de todos aquellos, que son la mayoría, que tienen empleos que les agotan la existencia. Pero cuatro días, permitiría inventarse algo. Si el enriquecimiento no fuera nuestra único objetivo social, y con ello, la explotación; si fuéramos un poco menos avaros, el bienestar estaría mejor repartido y seguirías existiendo clases sociales. Sólo un poco menos alejadas en sus polos y mucho más felices. Read more…
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