Emoticonos en el MSN

25 Julio 2008

Hay quienes odian los emoticonos del messenger y quienes los usan todo el tiempo. En mi modesta opinión, ni los unos ni los otros hacen bien.
Un emoticono puede desempeñar el papel de acotación al final de una frase, sustituyendo al tono y al contexto que dejan de existir en el lenguaje escrito. Por ejemplo: ¿Mucho trabajo? :-P
En este caso “:-P” equivaldría a añadir “preguntó burlonamente”.
Claro, que el que nos podamos apoyar en ellos, no significa que tengan que sustituir a la cadena escrita.
A veces, nos abren una ventanita emergente que reza: “L(a mayúscula y luminosa) p(tio bailando con extraño atuendo, que sustituye a “ortera”) de mi (cara de Haze) está embarazada”. Traducción: “La portera de mi barrio, está embarazada”.

Úsenlos bien. Es su responsabilidad.

Perico y Scottex - Capítulo XXV Confesiones de un etarra

25 Julio 2008

Hoy el mundo me está chupando la polla sin importarle que me corra en su boca; con energía y ganas, como si estuviera diseñado para complacerme.
Ya he desechado aquello que no me gustaba y que no podía cambiar. Lo ignoro y no lo tengo en cuenta como una fuente de desdicha no necesitada.
La droga, la presión y el quejarse apáticamente, es para los cobardes.
No necesito nada ni nadie; ningún bien material, ninguna sustancia.
No necesito ningún sentimiento; ninguna aspiración ni tampoco esperanza.
Sólo coraje, valor y fuerza en las manos para asir firmemente lo que deseo en mi simplicidad de cliente asiduo del bar de la vida. Ningún problema: Tengo barra libre. Lo quiero, lo tengo.
El universo intelectual no me apasiona. Siempre llevo un condón en la cartera y nunca es el mismo.

La vida es una buena puta que me está acabando la felación; una buena puta que no teme atragantarse y sabe que con su boca llena de semen, ya no me apetece besarla.
Me cobro con creces los años que perdí por tu culpa, ¡mala puta tudesca!

Sigue succionándome el jugo, para que yo haga lo propio y le extraiga todo el suyo; ¡ah la vida! ¡perra vida!

El Casanova de Felación o de Fellini, acaba de entrar en pantalla, salir a escena; abandonar las bambalinas, hacer su aparición estelar rimbomante entre focos redobles de tambor y trompetas; para presumir de traje, palpar más de un trasero a la vez y eyacular, como ahora.

Perico y Scottex - Capítulo XXIV

22 Julio 2008

Odiaba las moscas y una se le acababa de parar en mitad de su despoblada frente. Esperando la puerta de la boca del metro, en pleno mes de julio. Recordó lo que su padre le decía cada vez que veía que una se le posaba: “¿Has visto? Una mosca. ¿Y sabes dónde van las moscas? A la mierda. Eso es lo que tú eres.”

Aquellas palabras, independientemente de su intención; que nadie acertaría a decidir, hundían un autoestima ya de por sí baja y hacían mella, en el estado emocional de un adolescente, que por su propia naturaleza no suele tender a la estabilidad.

No se encontraba bien entre la gente. A veces su madre lo había mandado a hacer una pequeña compra, en una de estas pequeñas tiendas de barrio; y él, en la cola, mientras era su turno de ser despachado, se empezaba a poner más y más nervioso hasta el punto de irse sudando, maldiciendo su manera de ser y de sentir. Cuando llegaba a casa, decía a su madre que había olvidado hacer el recado y soportaba estoicamente una reprimenda.

Al igual que las plantas, las personas también tenemos raíces; una cepa, un tallo, hojas; Perico, tenía las raíces podridas, orugas en el envés de todo su follaje y droga en lugar de savia bruta ni elaborada, circulando por sus vasos leñosos, que constituían un tallo cada vez más escuálido. Sin el apoyo de nadie y con el agravante de la cocaína, se podría decir que sus habilidades sociales no eran las mejores. Transmitía inseguridad, se le trababa la lengua.
Todo aquello por supuesto, había quedado superado en sus primeros años de edad adulta; mas ahora, aguardaba un acontencimiento importante. Por las escaleras, de un momento a otro, iba a subir Adriana.
No importaba de cuántas maneras imaginara sus ropas, su cara o su pelo; siempre lo sorprendería con una en la que no se le hubiera ocurrido pensar. Pero sin embargo no disfrutaba el momento, se hallaba incómodo, ansioso; listo para asestar un nuevo golpe, encajándolo. Tenía claro que todo iba a ser un recordatorio y ni una vaga esperanza le dio motivo para la alegría con la que había guardado este momento. ¿Qué cabía contar que ocurriría, después de tantos años? ¿Un par de besos, vaya cómo has cambiado, quizá algún par de comentarios simpáticos?

Había malogrado su vida, siempre en la búsqueda de cosas que sabía que no iba a concebir. ¿Realmente lo animaba fijarrse cimas tan altas? Siempre había sido una cruz, esa perfección a la que aspiró durante toda la vida. Perfección que sólo encontró sucedáneo en el polvo de ángel y otras muchas sustancias que alteraban la química de su organismo. Nunca se conformó con acabar los deberes de primeria, menos de tres días antes de la fecha de entrega. Eligió personalmente cada uno de los libros que se acumulaban en la estantería de su cuarto, en cuya primera página, siempre escribía alguna frase ingeniosa que hubiera inventado u oído últimamente, su estado de ánimo y a pie de página, su firma, junto con la fecha en la que lo leía; lo cual posteriormente, siempre se figuró que le serviría para ver qué corrientes ideológicas lo habían influido en cada etapa de su vagar por el mundo.

No podía quedarse allí. ¿Cuánto le iba a costar superar la posterior depresión? ¿Qué iba a ganar con ello? Debería de haber dicho que se equivocó de número el día que lo llamó por teléfono.

Corrió y corrió, a lo largo de una acera de una calle por la que había pasado centenares de veces y que ahora no reconocía. Tiró el móvil a una papelera que estaba de camino, por miedo a que sonara; por miedo también a que no lo hiciera. Tocó al timbre del portero. No podía creerse que estuviera allí.
Sólo restaba poner la mejor cara posible, adentarse y suplicar a aquél indeseable.

-¡Hombre, Etarra…! ¡Cuánto tiempo!- Dijo Perico con toda la efusividad que supo disimular.
-Ya te digo, Perico. ¿A qué se debe el honor de esta visita? ¿Le pica la nariz o algo por el estilo?
-Qué dices, hace tiempo que ya no le doy al tema.- Y se preguntó si sus palabras tenían convicción para que una tercera persona se las tragara. Llevaba sin material desde hacía tres días. No tenía ni un duro hasta que los del supermercado le pagaran el siguiente sueldo; el cielo de colombia era caro y volar en él a toda pastilla no era un lujo al alcance de un mileurista, por suerte para la Sanidad Pública.
-Bueno, pues yo me iba a pegar una loncha. ¿No te animas entonces, verdad? No quisiera que recayeras por mi culpa.
-Bueno… Si es una pequeñita… Hace ya tanto que no me meto, que no creo que me haga mal…
-No, no; tú te has quitado. Me las meteré yo las dos.
-Venga ya, no seas hijo de puta; ¿te las vas a meter delante de mí sin dármela?
-¡Ja, ja, ja! Eres un puto enganchado. Y lo peor es que ni tan siquiera tienes guita para pagarte la mandanga. Pues yo te invitaré a una rayita, hombre; no soy un pobre de mierda, ni un agarrado como tú. Pero eso sí, tú esnifarás de la farlopa de los pobres; de la que se vende en la calle. No estás acostumbrado a la calidad. Así que toma, aquí tienes - graznó, mientras le tendía un minúsculo envoltorio de plástico transparente, cerrado por un alambre-.

Perico, odiando con todo su corazón a aquél supuesto amigo -¿¿amigo?? ¡Amigo! ¿De verdad tendría que ver algo la amitad con ese tipo? ¿Alguna vez habría sido amigo de alguien?-, que le daba de la misma mierda que vendía, por el mero placer de seguir viéndolo adicto, y ver hasta dónde era capaz de degradarse. Aliviándole el vicio por unos instantes; para luego sufrir la abstinencia con creces; hasta que la adicción lo volviera a empujar al robo, a la expulsión de casa….
¡No! Son sólo un par de rayas a costa de este mamón. Para superar el bajón por mi cita no frustrada, pero suspendida; que tampoco era cita y que quizá hasta se le había olvidado a Adriana.

El indeciso

20 Julio 2008

Generalmente, cuando hago algo, ya había intentado hacerlo previamente; unas veces sin conseguirlo, y otras abandonando en el último instante, para volver a probar suerte después.

Tengo un cepillo de dientes rojo y otro azul; mis dos colores favoritos, entre los cuales nunca acabé de decantarme. Sobre mi mesita de noche hay tres despertadores sincronizados y con la alarma a la misma hora. No confío en que uno de estos aparatos no falle nunca; dos aparatos es improbable que fallen a la vez, y tres, casi imposible.

Además, siempre cortejo a la vez a tres chicas, la una que me ignore; la otra que me haga algo de caso y una tercera que me quiera. Así percibo el amor en cada una de sus facetas.

Escucho hip hop, rocanrol, reggaeton, flamenco, black metal, música clásica y pop de los ochenta.
Mi película favorita es La chaqueta metálica por aquél casco con el símbolo de la paz y la inscripción Born to kill.

He intentado consumir estupefacientes para desarrollar una esquizofrenia aguda que me permita tener voces interiores en mi cabeza, tan solamente por conocer la opinión de terceras personas.

La mano izquierda, no se me parece a la derecha. Son distintas, en su tamaño y fuerza. Además con la izquierda dibujo, y con la derecha escribo; con la primera firmo y con la segunda cuento la vuelta del supermercado.

El ojo izquierdo, siempre está más cerrado; pero no tiene tantas dioptrías como el derecho. Sin embargo, por el derecho, me encanta ver los monumentos, y los paisajes, por el desenfoque, un caleidoscopio naturalmente defectuoso; y con el izquierdo, entornándolo aún más, uso un catalejo para mirar el monte que se observa desde mi azotea, sin la ayuda de ninguna otra lente.

Cuándo perder la inocencia

16 Julio 2008

No podía contar más de cuatro o cinco años, cuando para consolarme por mis primeros días de asistencia a preescolar, no sé quién, tuvo la brillante idea de regalarme un pequeño llavero. Dicho presente, consistía en un gnomo verde de barro, con una cadenita sujeta a su cónico sombrero.

Lo saqué en una de esas mesas hexagonales y maltrechas que componían el escaso mobiliario del aula. Lo hice caminar, a tironcitos del cordel metálico. También dediqué un buen rato a fantasear con personas pequeñísimas que cuidaban de los animales y defendían a los hombres de las fechorías de seres malignos como los troles.

Una mañana, en el recreto; un niño -que por aquél entonces sin duda para mí, no era considerado como tal-, se dirigió hacia mí ilusionado: “¡Anda, pero mira qué nomo más bonito!”
Se lo dejé. No necesitó ni tan siquiera pedírmelo. Lo tomó entre sus manos y lo apretó fuertemente. Subió las escaleras, sin volver la vista atrás, entre la infantil muchedumbre que entraba desordenadamente y de forma agolpada.
Esperé. No se me pasó por la cabeza que se hubiera apropiado de él. Era mío y tuve el detalle de prestárselo, ¿quién abusaría a así de la confianza que uno le concede?

Era el niño más responsable de preescolar. Me preocupaba del material escolar más que mis propios padres, sufría enormemente por la atención que era incapaz de prestar a las explicaciones sobre los ejercicios a realizar…
¿Y aquél canalla, iba quizá a aprovecharse de mi buena fe y mis mejores intenciones, hurtándome algo que me pertenecía? Imposible.

Esta mañana me dio por volver a mirar a lo alto de la escalera que ascendía a mi antiguo colegio. Me gustaría que aún quedase un niño dentro de mí, que a pesar de los años, continuase esperando.
Sin embargo sólo queda un adulto agriado, que intenta ganar, abrirse camino, anteponerse a los demás a costa de cualquier principio moral y que intenta encontrar cómo no, algún niño para arrebatarle su gnomo.

Volverse homosexual

15 Julio 2008

Ser gay, sarasa, maricona loca u homosexual de bien, está considerado hoy día como toda una cualidad. La moda, obras cinematográficas, libros, festividades y hasta las drogas, están claramente orientadas a este sector de la población que goza de cientos de privilegios respecto a los demás.

Así por ejemplo, existen directores de cine heterosexuales que se han visto obligados a ocultar sus inclinaciones con tal de vender sus películas. Algo parecido a lo que ocurre en el sector de la moda, la cocina o la escritura.

Por otra parte, la Junta de Andalucía acaba de aprobar una ayuda económica entregada a modo de incentivo a las parejas de lesbianas que formalicen su situación actual; y que ya reciben el doble de prestaciones sociales debido al gran número de entidades que apoyan a los gays.

El próximo presidente Español, será sin duda el líder del PP, que habrá contraído un matrimonio homosexual con un miembro del opus.

Yo mismo he pensado en hacerme homosexual. Lo que pasa es que hace falta demasiado papeleo.
Y gay es un anglicismo innecesario.

Dulce tortura

14 Julio 2008

Cuando una pianista toca un instrumento tan femenino como el piano; me deleito como si se tratara de una orgía lésbica entre dos manos delgadas, suaves, femeninas, con sus diez dedos y todas las teclas. A veces no necesito verlo, sino que simplemente imagino a una interfecta cualquiera, sentada al piano.

A saber qué me depara el futuro. Sólo sería feliz si una adolescente de pelo rizado, pechos preciosos y que me sometiera a una tortura sexual llena de expectativas insatisfechas, para fijar una meta que finalmente me permitiera alcanzar. Hay que mencionar también, que a veces incluso para mí la vida es perfecta.

Ciento cuarenta y cuatro condones

12 Julio 2008

Su hermano pequeño, sagaz usuario de la Internet; miró el usuario de eBay que correspondía a Sheila.
Comprobó que había comprado ciento cuarenta y cuatro condones y fue inmediatamente, a contárselo a sus padres.

-¡Se puede saber para qué quieres ciento cuarenta y cuatro preservativos, jovencita!
-Tranqui, mamá. Que cuesta igual que dos cajas en la farmacia. Además, he comprado tantos porque siempre me decís que tengo que creer en mí misma.

Hemoglobina

11 Julio 2008

Si te gustan las películas de amor en las que el protagonista se casa con su hermana gemela hermafrodita, no puedes dejar de ver esta película.
Ningún comentario más al respecto. O si acaso, que era mejor cuando estaba de exámenes.

Perico y Scottex - Capítulo XXIII Sheila

11 Julio 2008

Sheila paseaba sus dieciséis años, por la playa de Fuengirola, este último verano.
Con la minifalda, sus ojos claros y el cabello tan largo, parecía toda una mujer.
Bajo su aspecto de niña bien, con mejillas sonrosadas y tiernas carnes, subyacía una voracidad sexual ilimitada. También le gustaba experimentar en los demás campos: Experimentaba con los emparedados, que hacía combinando los ingredientes más diversos; mantequilla de cacahuete y nueces, mortadela y leche condensada; con su cuerpo, masturbándose con objetos de su vida cotidiana, con la almohada, con un grueso rotulador permanente, a través de su cámara web; consumiendo estupefacientes, porros, cocaína, speed. Lo que hoy por hoy, no deja de ser una adolescente perfectamente normal.

-¿Por qué no vienes y te invitamos a algo de compañía, guapa?- Murmuró ciempiés, que se había tomado unas vacaciones aquél verano con sus dos compinches.
Sheila se acercó a la mesa del bar, mordiendo la patilla de sus cafas de sol. Sus labios eran pálidos y gruesos; suaves y húmedos. Por supuesto ninguno de los tres juveniles camellos, estaba acostumbrado a que una chica aceptara tales invitaciones. Lo hacían sólo por fardar ante los otros dos, sobre el modo tan rudo en que trataban a las mujeres y cómo éstas los deseaban por ello, aunque al principio se asustaran. Una concucta extraña, a la par que difundida; semejante es la naturaleza humana.
-Hola, qué tal, ¿cómo os llamáis?- Preguntó con su vocecita elegantemente engolada.
Se presentaron, hablaron un rato, se fueron al apartamento que tenían alquilado, (el de los tres, claro); se drogaron, follaron y tres eyaculadores precoces vivieron la circunstancia especial de follar con una chica sexi, a la que le gusta el sexo deshinibido y que no había conocido al prejuicio en ningún recoveco de la vida hasta ese momento.